Gigantes en Sudamérica. Nephilim en Sudamérica (en Peru)

Gigantes en Sudamérica.  Nephilim en Sudamérica (en Peru).

El cronista español Pedro De Cieza De León (1518-1554) narra en su obra:

Crónica del Perú El señorío de los Incas:

CAPÍTULO LII

De los pozos que hay en la punta de Santa Elena,

y de lo que cuentan de la venida que hicieron los gigantes en aquella

parte, y del ojo de alquitrán que en ello está

 

PORQUE al principio de esta obra conté en particular los nombres de los

puertos que hay en la costa del Perú, llevando la orden desde Panamá hasta

los fines de la provincia de Chile, que es una gran longura, me pareció que

no convenía tornarlos a recitar, y por esta causa no trataré de esto. También

he dado noticia de los principales pueblos de esta comarca y por qué en el

Perú hay fama de los gigantes que vinieron a desembarcar a la costa en la

punta de Santa Elena, que es en los términos de esta ciudad de Puerto Viejo,

me pareció dar noticia de lo que hay de ellos según que yo lo entendí, sin

mirar las opiniones del vulgo y sus dichos varios, que siempre engrandece

las cosas más de lo que fueron. Cuentan los naturales por relación que oyeron

de sus padres, la cual ellos tuvieron y tenían de muy atrás que vinieron

por la mar en unas balsas de juncos a manera de grandes barcas unos hombres

tan grandes, que tenía tanto uno de ellos de la rodilla abajo como un

hombre de los comunes en todo el cuerpo, aunque fuese de buena estatura,

y que sus miembros conformaban con la grandeza de sus cuerpos tan

deformes, que era otra cosa monstruosa ver las cabezas, según eran grandes,

y los cabellos que los allegaban a las espaldas. Los ojos señalan que

eran tan grandes como pequeños platos. Afirman que no tenían barbas, y

que venían vestidos algunos de ellos con pieles de animales, y otros con la

ropa que les dio natura, y que no trajeron mujeres consigo. Los cuales

como llegasen a esta punta, después de haber en ella hecho su asiento a

manera de pueblo (que aún en estos tiempos hay memoria de los sitios de

estas casas que tuvieron) como no hallasen agua, para remediar la falta que

de ella sentían hicieron unos pozos hondísimos, obra por cierto digna de

memoria, hecha por tan fortísimos hombres, como se presume que serían

aquellos, pues era tanta su grandeza. Y cavaron estos pozos en peña viva,

hasta que hallaron el agua y después los labraron desde ella hasta arriba de

piedra, de tal manera que durara muchos tiempos y edades, en los cuales

hay muy buena y sabrosa agua, y siempre tan fría, que es gran contento

beberla. Habiendo pues hecho sus asientos estos crecidos hombres, o gigantes,

y teniendo estos pozos o cisternas de donde bebían, todo el mantenimiento

que hallaban en la comarca de la tierra que ellos podían hollar lo

destruían, y comían. Tanto que dicen, que uno de ellos comía más vianda

que cincuenta hombres de los naturales de aquella tierra. Y como no bastase

la comida que hallaban para sustentarse, mataban mucho pescado en la

mar con sus redes y aparejos, que según razón tenían.

Vivieron en grande aborrecimiento de los naturales, porque por usar

con sus mujeres las mataban, y con ellos también usaban sus lujurias. Los

naturales no se hallaban bastantes para matar a esta nueva gente que había

venido a ocuparles su tierra y señorío, aunque se hicieron grandes juntas,

para platicar sobre ello, pero no les osaron acometer.

Pasados algunos años, estando todavía estos gigantes en esta parte,

como les faltasen mujeres, y las naturales no les cuadrasen por su grandeza,

o porque sería vicio usado entre ellos por consejo y inducimiento del maldito

demonio, usaban unos con otros el pecado nefando de la sodomía, tan

gravísimo y horrendo. El cual usaban y cometían pública y descubiertamente,

sin temor de Dios, y poca vergüenza de sí mismos. Y afirman todos

los naturales, que Dios nuestro señor no siendo servido de disimular pecado

tan malo, le envió el castigo conforme a la fealdad del pecado. Y así dicen,

que estando todos juntos envueltos en su maldita sodomía, vino fuego

del cielo temeroso y muy espantable, haciendo gran ruido, del medio del

cual salió un ángel resplandeciente con una espada tajante y muy refulgente,

con la cual de un solo golpe los mató a todos, y el fuego los consumió,

que no quedó sino algunos huesos y calaveras, que para memoria del castigo

quiso Dios que quedasen sin ser consumidas del fuego. Esto dicen de

los gigantes, lo cual creemos que pasó, porque en esta parte que dícense

han hallado y se hallan huesos grandísimos. E yo he oído a españoles que

han visto pedazo de muela, que juzgaran que a estar entera pesara más de

media libra carnicera. Y también que había visto otro pedazo del hueso de

una canilla, que es cosa admirable contar cuán grande era, lo cual hace testigo

haber pasado, porque sin esto se ve adonde tuvieron los sitios de los

pueblos, y los pozos o cisternas que hicieron. Querer afirmar o decir de qué

parte, o por qué camino vinieron éstos, no lo puedo afirmar, porque no lo sé.

Este año de mil quinientos y cincuenta oí yo contar, estando en la ciudad

de Los Reyes, que siendo el ilustrísimo don Antonio de Mendoza,

visorrey y gobernador de la Nueva España, se hallaron ciertos huesos en

ella de hombres tan grandes como los de estos gigantes y aun mayores. Y

sin esto también he oído antes de ahora, que en un antiquísimo sepulcro,

se hallaron en la ciudad de México, o en otra parte de aquel reino ciertos

huesos de gigantes. Por donde se puede tener, pues tantos lo vieron, y lo

afirman, que hubo estos gigantes, y aun podrían ser todos unos. En esta

punta de Santa Elena (que como tengo dicho está en la costa del Perú en los

términos de la ciudad de Puerto Viejo) se ve una cosa muy de notar y es,

que hay ciertos ojos y mineros de alquitrán tan perfecto, que podrían calafatear

con ello a todos los navíos que quisiesen, porque mana. Y este alquitrán

debe ser algún minero que pasa por aquel lugar, el cual sale muy caliente.

Y de estos mineros de alquitrán yo no he visto ninguno en las partes

de las Indias que he andado. Aunque creo, que Gonzalo Hernández de

Oviedo en su primera parte de la Historia natural y general de Indias da

noticias de éste y de otros. Mas como yo no escribo generalmente de las

Indias sino de las particularidades y acaecimientos del Perú, no trato de lo

que hay en otras partes. Y con esto se concluye en lo tocante a la ciudad de

Puerto Viejo.

 

Otro relato acerca de gigantes en Perú, lo encontramos en la narración del Padre

Pablo Joseph de Arriaga, en su obra:

Extirpación de la Idolatría del Perú (1621)

 

En su capítulo II

Que cosas adoran oy en día los indios y en que consiste su idolatría.

 

“…y también las casas de los Huaris, que son los primeros pobladores de esa tierra, que ellos dicen que son gigantes y es cierto que en algunas partes lo fueron y se halla huesos de disforme y increíble grandeza, que quien no lo ve, ni los toca con las manos, no lo creerá, porque se muestra por la proporción de los huesos, haber sido seis tanto mayores que los hombres de ahora, ….

Invocan a Huari que dicen es el Dios….

 

Capítulo x

Que en las provincias que están visitadas quedan muchas raíces de idolatría.

 

Llevaronnos a la otra banda del pueblo cerca de un cuarto de legua, donde estaba una cueva muy grande, y en ella muchos difuntos gentiles, y entre ellos tres cuerpos de Gigantes de deformes cabezas, vestidos de Cumbi, aunque con el tiempo podrido.

Estos son los progenitores de todos los de este pueblo a quienes adoraban y tenían en mucho……

Aaaa

Gigantes Nephilim

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