¿Seguir a Jesús como cristiano significa perder la libertad?

¿Seguir a Jesús como cristiano significa perder la libertad?

Alguien que aún no cree en Jesús, pero anda en eso, comentaba que le sonaba que el seguir a Jesús parecía implicar una pérdida de la libertad.

Le respondí que seguir a Jesús, no es precisamente fácil y tiene un costo.

Recordando el pasaje en el que Jesús menciona que el que no lleva su cruz para seguirlo no puede ser su discípulo, y daba la ilustración del hombre que decide construir una torre, sin sentarse primero a estimar los costos y ver si cuenta con los recursos necesarios, empezando la construcción y luego dejándola a medias, por no haber calculado primero si tenía lo necesario para terminarla. (Lucas 14 : 26 -33).

Esa ilustración refiriéndose a que seguir al Señor Jesús tiene un costo, implica algo por parte del discípulo de Jesús.

Pero le comentaba a esta persona, que el seguir a Jesús no es la pérdida de la libertad.

El atleta olímpico y su libertad.

Lo ilustro con un atleta olímpico de alto rendimiento.

Ese atleta se entrena con el objetivo de ganar la medalla de oro.

Ese entrenamiento no es fácil, tiene un costo.

Porque se requiere disciplina.

Ese atleta entrena, con ese objetivo en mente, de ganar la competencia, y la medalla de oro, entrena duro, al final del día es doloroso, le duelen los músculos algunas noches.

Pero a pesar del dolor físico, el dolor no es tanto, cuando ve el objetivo final y se ve recibiendo la medalla de oro.

No ha perdido su libertad.

Pero ahora, no se desvela, no va a fiestas, no se emborracha. Tiene la libertad para hacerlo, nadie lo tiene encadenado a su habitación, pero el atleta sabe mejor que eso, sabe que su disciplina y el privarse de ciertas cosas tendrá su recompensa, y esa recompensa es algo que este atleta desea y sabe que bien vale la pena de privarse de algunas cosas.

Cierto que en el proceso algunos de los amigos del atleta lo invitan a una fiesta a desvelarse y emborracharse, y cuando este atleta no acepta, recibe burlas de sus amigos, que no alcanzan a entender que para el atleta el mantener su disciplina que lo llevará a recibir la medalla de oro, es más importante que pasar unas cuantas horas de entretenimiento, y unas horas más de resaca.

Este atleta ahora cuida su alimentación, tiene aún la libertad para comer todo lo que le plazca, helados, sodas, y cosas deliciosas que a la postre le pueden afectar en su rendimiento físico, tiene libertad de alimentarse con descuido, pero sabe que no le conviene satisfacer sus apetitos de placer, porque el premio que obtendrá bien lo merece y la satisfacción de verse con la medalla de oro es más valioso que satisfacer apetitos temporales, que le dejan una satisfacción pasajera y efímera.

Así es el cristiano que sigue a Jesús, tiene su libertad aún, nadie lo está obligando por la fuerza a nada, pero el cristiano que quiere seguir a Jesús, teniendo aún su libertad, sabe que muchas cosas ya no le son de provecho, que le pueden dañar, pero vale la pena no satisfacer deseos temporales porque el cristiano como atleta de alto rendimiento, tiene en mente el objetivo final, el premio que recibirá del Señor Jesús, la vida eterna y sabe que eso bien vale el costo de someter sus deseos carnales y mantenerlos bajo control.

 

El apóstol Pablo decía: “Todo me es permitido, pero no todo me conviene, todo me es permitido pero no todo edifica” 1ª Corintios 10 : 23.

“Vosotros hermanos, a libertad fuisteis llamados; solamente que no uséis la libertad como ocasión para la carne” Gálatas 5 : 13.

 Y no es que el cristiano, pueda hacer algo, que valga tanto que en lugar de caer al lago de fuego como justo juicio de Dios por sus pecados, gane vida eterna, ningún acto humano tiene la capacidad de borrar el pecado, esa libertad que conserva el cristiano, pero que ejerce con responsabilidad para no pecar, es el ve y no peques más, es el obedecer la voluntad del Padre Celestial y obedecer a Jesús, andando en santidad.

Pero la salvación no es por obras.

De ninguna manera es  que el cristiano, con lo que haga ó deje de hacer se gane la vida eterna, el cristiano no puede hacer ninguna obra que le borre sus pecados.

En realidad el cristiano, pecó aúnque sea un solo pecado, transgredió la ley de Dios, y su pecado merecía el justo juicio de Dios, y su justo castigo de ser torturado sin fin en el lago de fuego y azufre.

Si esa persona, hacía ahora buenas obras, y actos de caridad, por más que hiciera buenas obras, no podrían neutralizar ni borrar su pecado, merecía la condenación y tortura eterna en el lago de fuego, pero esa persona creyó que Jesús, era Dios mismo que se hizo carne y sangre para ocupar su lugar recibiendo el castigo de Dios, por sus pecados, siendo que Jesús nunca pecó y sufrió un inmerecido castigo, pero como esta persona creyó así en Jesús, tiene justificación de sus pecados, por su fe en Jesús el Cristo, por esa muerte de Jesús en su lugar y no por ninguna obra que pueda haber hecho esta persona que entonces es cristiana.

La salvación del castigo eterno que merece el pecador no es por obras, ni por lo que no hace, sino es por medio de la fe que el cristiano pone en Jesús, del sacrificio sustitucionario de Jesús, derramando su inocente sangre en la cruz y muriendo, sin merecerlo, para recibir el castigo y la ira de Dios, que merecía este cristiano, un pecador que ahora cree en Jesús el Cristo.